sábado 19 de septiembre de 2009

Chau, buena suerte y hasta luego.

Llevo días sacudiendo mis despojos.
Ya no tengo chamuyos, nada mas callo. Se caen las palabras de mi, resbalándose como hojas muertas, en esta noche donde el frío duele tanto.
Mañana, pasado...
Otro día, no se cuando, tal vez vuelva a buscarlas, y haga algo. Hoy las escribo y son como de plástico, no me sirven ni para decir que mejor me marcho.
Como dicen Los Rodríguez, "buena suerte y hasta luego"...

sábado 29 de agosto de 2009

Ansia

Abunda el desasociego en esta tarde.
Juega el sol en lo que queda del espejo, conmigo también juega. Entra de puntillas agrietándome los ojos. Y aunque no quiero, igual trasgrede las normas de mis párpados, como buscando ahuyentar el mal trago de las horas muertas. Atormentadas horas de sol en las que tendría que estar haciendo algo. Afuera se escucha la gente que cargada viene del mercado, mas allá un hombre corta el pasto, alguien le da de comer a su gato y mi vecina con esmero pinta de verde un armario.
Yo nada, sólo espero laciamente que el sol bese mi hombro y mi brazo que se apoya en la ventana, me deja erráticamente sola, acá pensando.
Renuncio a fugarme en alguna palabra salvadora. Se que no voy a encontrarlas. Todas me devoran. No encuentro una que pueda barrer mi ansia.
Por eso dejo tibiamente que el sol cargue con mi sombra, que el reloj de arena se consuma conmigo y yo pueda confundirme en el paisaje, mimetizada en esta tarde donde el silencio arde.

martes 25 de agosto de 2009

Muerte divertida (para los demás)

Ayer me di cuenta que no se necesita demasiado para morir de la manera mas tonta.
Que sólo los héroes de las miniseries y del cine tienen muertes fantásticas y son recordados por su valor y admirados por ello en inolvidables leyendas.
También se puede morir así *.
Y no ser recordado, o lo que es peor, ser recordado entre carcajadas horribles de las que uno participaría, si no es que se trata de la muerte de uno.

*Trastabillar en medio de la calle y caerse en cámara lenta. Ir dando tumbos con cara de que uno no va a caerse en los próximos minisegundos y al minisegundo siguiente comprobar que sí, que uno se ha caído un poco mas y que seguirá cayendo sin poder evitarlo. Uno es conciente de que se está matando, mas aún cuando viene sobre uno (uno es el que yace caído con cara de idiota en el asfalto) la marabunta de autos que no piensa frenar por un imbécil que nunca termina de caer. ¡Que no se caiga qué tanto!
Pero uno se cae, y los autos impiadosos vienen a toda velocidad con sus bocazas abiertas para tragarte como el lobo feroz, entonces uno se tira desesperado hacia el borde de la calle, para no ser arrollado y los autos por gracia divina se salvan de ser asesinos.

También se puede dejar de vivir así, de una forma tan poco romántica y olvidable.
Así murió mi abuela.
Así, casi muero yo en la tarde de ayer.
Aun me duele todo, hasta las risas.

miércoles 12 de agosto de 2009

Aún me sorprendo

Me espera el camino, los árboles viejos. La barranca tremebunda que me lleva al río, mis pasos siniestros. La mañana se abre. Se abren los restos de días añejos dormitando dentro, de risas que fueron convirtiéndose en ecos.
La mañana se abre ante mi, que llego. Sorprendida llego, aún me sorprendo.
Y eso me conmueve.
El camino es el de siempre, puedo de memoria contar sus defectos, cómo se vuelven lóbregos sus jardines en invierno, cómo frías las veredas atesoran mis secretos.
Cada tilo, cada fresno. Cada ramita desnuda. Los jacarandás desiertos. Todas las esquinas, todos los encuentros.
Todo se repite, despiadadamente lento y aún me sorprendo.

domingo 9 de agosto de 2009

Domingo

Una carretera despoblada es este domingo gris de principios de agosto.
Un día para viajar bien lejos escuchando música, buscar señales en el cielo, garrapatear letras, anudar todas las sábanas y escapar por la ventana.

jueves 30 de julio de 2009

El nido vacío

Ni ganas de chamuyar, sólo canturrear una canción.
Esos locos bajitos, de Serrat. ¿Habrá sufrido también él el síndrome del nido vacío? A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien,
(dicen) que hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos,
que se equivoquen,
que crezcan
y que un día nos digan adiós.

A mis hijas.

martes 14 de julio de 2009

Tedio

Deambulo con el tedio entre las manos y no encuentro lugar dónde esconderlo.

Lo dejo de a ratos para sostener el libro que leo en estos días, para cocinar algo sabroso, nutritivo y caliente, para limpiar y ventilar mi casa, para escribir y ver si encuentro alguna forma de fuga.
Y lento, pero decidido a no abandonarme se me va subiendo por los pies, me trepa despacio hasta alcanzar mis manos otra vez y anidar en ellas, con el cansancio de un náufrago.